Casa rustica de piedra con finca y horreo
Referencia: 9726-la_casa_del_amor
Tipo de operación: Venta
Tipo de propiedad: Casa Rural
Ciudad / Población: Taramundi-Aponte
Provincia: Asturias
m2 Útiles: 120
m2 Construcción: 150
m2 Parcela: 2500
Parcela: absolutamente espectacular, rodea toda la casa
Acceso: perfecto en coche
Edificabilidad: restaurar lo que hay
Plantas: 2
Suelos: madera y tierra
Ventanas: no
Orientación: Sur
Vistas: montaña
Forjado: madera
Presupuesto rehabilit. aprox.: consultar técnicos casabella rústica
Distancia al agua: al lado
Distancia cable luz: al lado
Distancia al mar: 24 minutos
Tejado: bien
Cobertura móvil: movistar, orange y vodafone
Estado de la propiedad: DISPONIBLE
- E-mail:
- consulta@casabellarustica.com
- Tfnos:
- 91.598.568.7
- 91.128.99.85
- 647.33.52.43
Hay veces que cuando estás dando vueltas por los pueblos de Asturias y de Galicia, llegas a un punto donde la carretera se bifurca, siempre tiraste para la derecha, hasta que un buen dia, te da por ir a la izquierda. Hay veces que esas decisiones marcan los acontecimientos. Ese día, tiramos a la izquierda, pasamos bajo una tierra "prohibida", "virgen" para el hombre, bajo unos robles centenarios, los rayos del sol pasaban entre las hojas y hacían que todo el paisaje que contemplábamos fuera mágico para la vista, las sensaciones eran tan intensas que tuvimos que parar el coche. Al continuar nos encontramos con uno de los mejores pueblos que jamás hemos contemplado, todo de piedra, cada casa, una historia de cientos de años, cada piedra de cada casa, tallada a mano con la delicadeza de las gentes de antaño, tuvimos que parar, una cierva llevaba a su cría tras ella y se asustó al vernos, estábamos justo delante de esta casa, una casa a todas luces, perfecta. Enclavada en un sitio "sin igual", con buenos accesos, soleada todo el año, con una finca que la rodea todo y uno de los hórreos más grandes que jamás hemos visto. La piedra de la casa es, como se ve, perfecta, con un tejado en buen estado, aunque necesita de algún repaso, una era de mallar enfrente (donde se revolvía la paja con el trigo).
Cuando llegamos allí, tuvimos que sentarnos, sacar el desayuno y quedarnos casi una hora, quietos, sentados en la hierva, viendo como el tiempo allí cobra otra dimensión, otro calado, otra naturaleza.
La zona es tranquila, las gentes, las de siempre de toda la vida, buena gente y extraños de ver gente nueva a la vez que alegres por ello. Nos sentimos orgullos de tener sitios así, muy orgullosos.





























